Otros años, a estas alturas de verano, ya estaría en Villanueva de los Infantes preparando la temporada estival de nuestro muy querido Un día en la vida (UDELV), ese programa desenfadado que alternaba sesudos análisis de clásicos como el Quijote o La Regenta con noticias curiosas que versaban sobre cervezas que hacían que los pechos de las mujeres aumentasen o que producían erecciones de 24 horas.
Aunque vosotros, queridos lectores, descargáis el programa ya editado y sin pausas, sabéis que entre sección y sección poníamos algún tema musical para dar una pausa a los oyentes de la radio y de paso descansar nosotros un poco y preparar el contenido de la siguiente parte. Se nos puede escuchar en muchos de los programas hablar de la canción que íbamos a poner; y cuando empezamos a dejar todos los programas grabados para subirlos posteriormente al blog, evité en la medida de lo posible que las voces pisaran las canciones, para que después la edición quedase lo más "limpia" posible.
David y yo solíamos aportar dos temas cada uno. En ocasiones intentábamos que los temas tuviesen relación con el libro o autor que tratábamos en Vida y milagros o con algunas de las noticias que comentábamos. Otras simplemente poníamos lo que nos venía en gana y no se podía escuchar a otras horas en la emisora. Mientras que yo tiraba más hacia el rock, David era más hiphopero, pero también tenía un repertorio más variado. A veces simplemente ponía auténticas frikadas. De haber seguido en antena, habríamos acabado poniendo al Reno Renardo.
Sin ir más lejos, en el programa dedicado a Alatriste, el primero de la temporada del pasado verano, David nos dejó esta perla cantada por el Trío Zapatista: Paracetamol. Y mira qué sorpresa cuando ayer, veo que ponen el vídeo en el programa Sé lo que hicísteis. No está mal, casi un año después. Así que me alegré de saber que en UDELV nos adelantamos tanto a los medios convencionales. Pues nada, aquí os dejo con el vídeo de Paracetamol. Y pensar que para el programa llegué a entrevistar a Espido Freire...
jueves, 30 de julio de 2009
En UDELV éramos pioneros
domingo, 12 de julio de 2009
Soy un pagafantas
Al fin y al cabo, quien más y quien menos ha sido un pagafantas en algún momento de su vida. Eso sí, ya se me puede enfadar la ministra Aído, pero este rol del amigo fiel, del oso de peluche, le corresponde casi exclusivamente a los varones. El pagafantas ha existido desde tiempos inmemoriales, aunque ha sido a raíz de unos cuantos vídeos de Youtube cuando se ha popularizado el término y parece que se han unificado criterios para describirlo.
El caso es que este estereotipo le ha servido a Borja Cobeaga (Vaya Semanita) para dirigir su primer largo, que tras su paso por el Festival de Cine de Málaga, donde obtuvo el premio al mejor guión novel y el premio de la crítica, ha desembarcado en los cines.
Sin ser una obra maestra ni un clásico de los que perdurarán por los siglos de los siglos, lo cierto es que se deja ver muy bien. Es entretenida, no muy larga, y bien dirigida e interpretada. Ver que el cine español se renueva en estilo y temática es, desde luego, toda una esperanza, al menos para mí. Frente a pretenciosas revisiones de la Guerra Civil y el Franquismo (que no digo que no sean necesarias, pero ya empiezan a saturar y van a causar el efecto contrario: alimentar una recua de fachas), aquí nos encontramos con una peli que sólo pretende entretener, contar una historia sencilla (pero volvemos a lo mismo, sin las pretensiones de una peli de Isabel Coixet, por ejemplo), una historia con la que es fácil identificarse, y con la que nos vamos a reír de principio a fin, aunque más de uno pensará "joer, me río, pero eso me ha pasado a mí". Aunque el director y algunos actores provienen de la televisión, tampoco es una película teen, repleta de actores y actrices para forrar carpetas, sino que sus protagonistas anadan por la mitad de la veintena, y el público que verá esta peli bien puede adentrarse en la treintena.
Una de las mejores bazas de la película son los actores. La otra el ritmo. Gorka Otxoa (Vaya Semanita, Saturday Night Live) encaja muy bien en un papel que ya había ensayado en la serie Cuestión de Sexo como alumno de Willy Toledo en la autoescuela. Vamos, que es el pagafantas. Julián López (Muchachada Nui, Noche Hache) pone el contrapunto de amiguete, en el fondo igual de pardillo, y consejero. Sabrina Garciarena, la chica protagonista, tiene ese encanto y desparpajo que tanto atrae al pagafantas (de haber puesto a un pivón, la peli habría funcionado peor: la clave del pagafantismo es que el sujeto hace buenas migas con el objeto de su deseo, ya que es una chica accesible y encantadora), es independiente, echá p'alante, sin sentido del ridículo y un poco loca, lo que a veces pone en evidencia al protagonista. Óscar Ladoire, uno de los veteranos del elenco, sencillamente es que lo borda haciendo de ese listillo que sin querer dar consejos no deja de soltarlos a diestro y siniestro, y nos muestra que también hay pagafantas más que maduritos.
Como digo, además tiene buen ritmo. Los actores, muchos habituales de programas de humor de televisión, aportan chispa a un guión bien hilado. Los gags son cortos y efectivos. Las bromas no se alargan innecesariamente (como el caso de parodias del estilo Scary Movie o Casi 300), y en general la progresión es buena. En resumen, se ve una buena adaptación al largometraje, es decir, que no asistimos a un episodio de telecomedia alargado. El final, que en este tipo de historias nunca es fácil de encontrar porque muchas veces ni siquiera existe un final, tiene un toque agridulce. Aquí se nota mucho más la influencia televisiva y se opta por suavizar la carga dramática con un recurso cómico y un tanto surrealista. ¿Debería haber puesto el cartel de spoiler para este párrafo?
Con todo, a la película se le puede pedir más. Con apenas hora y media de duración, quince o veinte minutos más de metraje no habrían estorbado si con eso se le hubiera añadido profundidad a la historia. Las devociones pagafantiles pueden ser historias de meses o años, y en la película se nos ofrece un enchochamiento de un par de semanas (salvo por la elipsis que hacen). Michel Brown, en el papel de novio de la chica, está algo desaprovechado. Además, se muestra bastante encantador. Se podría haber desarrollado más el triángulo-conflicto, y de paso hacer un personaje algo más caradura y cuestionable, para que quedase más en evidencia ese dilema interno de todo pagafantas, el de ver cómo las chicas se van con los chicos malos, con los que peor las tratan.
Pero ya os digo que el balance es bueno, que uno se alegra de ver que el cine patrio intenta enmendarse y hacer productos que conecten con los gustos del público. En este caso es un target bastante concreto (ya os digo, las chicas tal vez se sientan menos identificadas, aunque seguro que muchas tenéis algún pagafantas bebiendo vuestros vientos lo sepáis o no), pero no es un mal target. Si sabe promocionar el lanzamiento en DVD puede que haga buena caja. Las salas de cine, ya se sabe, ponen la peli en tres cines recónditos y la quitan a la semana. Aparte de eso, al estar producida por Antena 3, seguramente la veamos desfilar por su circuito 3.0 (el que consite en poner anuncios en las tres cadenas a la vez).
Pagafantas
- Dirección: Borja Cobeaga
- Guión: Borja Cobeaga y Diego San José
- Intérpretes:
- Gorka Otxoa (Chema)
- Sabrina Garciarena (Claudia)
- Julián López (Rubén)
- Michel Brown (Sebastián)
- Óscar Ladoire (Jaime)
- Kiti Manver (Gloria)
- Enlaces:
- Pagafantas (página oficial de la película)
- Asociación Pagafantas
- Entrevista a Borja Gobeaga en La Parada de Los Monstruos (mejor si lo descargáis antes de abrirlo)
domingo, 10 de mayo de 2009
Quis custodiet ipsos custodiet?
"Quis custodiet ipsos custodiet?"
(¿Quién vigila a los vigilantes?)
Desde que vi Watchmen en el cine poco después de su estreno, me propuse dejar una reseña sobre la película. Lo que pasa es que quería hacer la comparativa con la novela gráfica, y la edición absolute editada por Planeta que me acababa de comprar esperaba aún a ser leída. Finalmente he ido sacando tiempo, y la verdad es que es uno de los cómics mas apasionantes que me haya echado a la cara.
Inicialmente editada a lo largo de 1986 y 1987 por DC, Watchmen es una novela gráfica escrita por Alaan Moore (V de Vendetta) y dibujada por Dave Gibbons (que ya habia trabajado con Moore en 2000AD, Superman y Green Lantern) que se compone de 12 tomos. En España, Ediciones Zinco la publicó en tomos en 1987, algo que intentó repetir Glénat sin éxito. Posteriormente, Norma Editorial la sacó en un solo volumen, y desde 2007, Planeta lleva reimprimiendo (ya van 4) su edición absolute, un tomo de 446 páginas, con el color mejorado y algo de materal adicional al final (textos de Moore y Gibbons acerca de la concepción de la obra, algunas páginas del guión de Moore, y bocetos varios de Gibbons).
Watchmen se ambienta en una realidad alternativa (la acción se sitúa en 1985, año en que Moore empezo a trabajar en la novela) en la que se intenta reflejar de forma lo más realista posible cómo serían las cosas si los superhéroes existiesen realmente. De hecho, de todo el elenco que aparece en Watchmen (tanto el grupo original, los Minutemen, como los vigilantes de los años 70), sólo uno de los personajes, el Dr. Manhattan, tiene verdaderos superpoderes. El resto son enmascarados con aptitudes atléticas y mentales algo superiores a la media. El argumento parte del asesinato de uno de ellos, el Comediante, ya retirado (aunque siguió trabajando de incógnito para el gobierno realizando trabajos sucios como asesinar a Kennedy). Rorschach, otro enmascarado, que sigue actuando al margen de la ley (los superhéroes son declarados ilegales en 1977), investiga lo sucedido, siempre bajo la sospecha de una de tantas conspiraciones que ve en todas partes (es lector habitual de un periódico sensacionalista). A partir de ahí, va encontrándose con el resto del grupo, y poco a poco vamos descubriendo el trasfondo psicológico de cada uno de ellos y la cronología de los dos grupos de enmascarados.
Aunque la idea de Moore era usar superhéroes ya existentes, de escasa popularidad y ya en decandencia, el tratamiento realista de la obra y la muerte de más de un personaje no encajaba del todo bien con la tendencia de DC de integrar todo el universo superheróico. Así pues, se crearon a los personajes desde cero, tan sólo inspirándose en sus homólogos de Charlton Comics.
Pese a que el argumento de Watchmen es ya de por sí atractivo, lo que hace a esta obra un fuera de serie es el tratamiento innovador de los superhéroes (alqo que continuaría Frank Miller con Daredevil y Batman) y el uso de técnicas que explotan al máximo las posibilidades narrativas del cómic, como explica este reportaje de elmundo.es. A pesar de que los colores son relativamente básicos en comparación al aspecto gráfico de un cómic actual, y el esquema de 3x3 viñetas que tiene cada página, donde hay pocas concesiones (desde la irrupción del manga las viñetas son mucho más dinámicas), a lo largo de Watchmen hay infinidad de detalles que pasarán desapercibidos a primera vista, y que hacen que la obra pueda ser disfrutada en sucesivas relecturas. No obstante, es innovador el modo de componer las viñetas, y la forma en que el color es un elemento narrativo: rojo para narrar algunos flashbacks, como la muerte del Comediante; azul cuando Búho Nocturno y Espectro de Seda duermen juntos, anticipándonos la irrupción del Dr. Manhattan... Las viñetas intercaladas de flashbacks, o las del cómic que un personaje secundario lee dentro del propio cómic, los Relatos de la Fragata Negra, forman una composición visual muy llamativa. Y aunque Moore rehuía de las técnicas cinematográficas para esta obra, los diálogos de unas viñetas colocados en las otras dan la impresión de una voz en off narrando las retrospectivas. Podría estar hablando de todo eso hasta saturar este blog.
Tras varios proyectos cancelados, finalmente la Warner sacó adelante el film, que ha sido dirigido por Zack Snyder (responsable de 300, basada en un cómic de Frank Miller). La película, de dos horas y cuarenta minutos de metraje, es a mi juicio una adaptación bastante decente.
¡Veanlo en HD y full screen, oigan!
La similitud argumental es máxima, respetando la ambientación original de los años ochenta (se pensó en trasladarla a una ambientación contemporánea), y aparecen casi todas las tramas del cómic, con la excepción más notable de los Relatos de la Fragata Negra, que al parecer será uno de los jugosos extras de la edición en DVD. No obstante, la estética de los uniformes se ha actualizado. Si el cómic usaba un color en la línea de los tebeos clásicos de superhéroes, el film se acerca más a las producciones actuales de enmascarados. Y así, Espectro de Seda tiene algunos cambios, aunque se asemeja mucho a su versión dibujada; Búho Nocturno es algo más intimidatorio, con un uniforme más oscuro y que recuerda vagamente al Batman de Nolan; mientras que el aspecto de Ozzymandias, parodia del peor Batman (estéticamente hablando), el de Joel Schumacher (vale, sin contar con la serie de TV) se aleja de su concepción inicial con reminiscencias egipcias. Esta estética moderna contrasta muy bien con el aspecto de los Minutemen, más parecidos a las producciones clásicas de superhéroes como Superman o la serie de TV de Batman, y que ayudan a situarnos en la cronología del cómic.
Quizá la mejor baza de la película es la secuencia de los títulos de crédito. Durante cinco minutos, mientras escuchamos The Times They Are a-Changin' de Bob Dylan (la Banda Sonora es otro fuerte de la película, al incluirse varios temas que se mencionan en el cómic) vemos una panorámica de la evolución de la realidad alternativa en la que se ambienta la obra, desde la foto de familia de los Minutemen originales a las protestas en la calle durante los setenta que acabarían por forzar la prohibición de las actividades de los superhéroes como guardianes de las calles.
Por lo demás, el cómic sirve de story-board para la realización de la película. Snyder vuelve a recurrir a la ralentización de movimientos (aunque sin abusar tanto como en 300, donde ya era un cachondeo), lo que le permite calcar algunas viñetas. Abundan los detalles en los planos, sacados de lo que aparece en la novela gráfica, pero éstos serán menos apreciables que el cómic, donde nos podemos recrear el tiempo que haga falta con cada viñeta. Quizá se podría haber trasladado el uso del color, pero no estoy seguro de cómo habría quedado. No obstante, está muy bien llevada la interpolación de los flashback.
El final (que no destriparé) varía ligeramente, en parte debido a la supresión de algunas tramas. Y aunque altera alguna parte significativa, mantiene cierta esencia. Además, el final del cómic me resulta raro, como si después de un tratamiento tan realista se usaran argumentos propios de revistas pulp de los cincuenta (supongo que será algo deliberado por arte de Moore), mientras que en la película parece estar mejor atado y está más en línea con el tono general del metraje. Pero aunque en sendas versiones la conclusión varíe, lo importante es que el argumento es el pretexto para explorar la compleja psicología de los personajes, para reflexionar sobre ciertas cuestiones (el tema de los recursos energéticos ha permitido que la película resultase actual pese a ambientarse en los ochenta) y en general para deleitarnos con la parte formal de ambas versiones. Y es en eso donde la adaptación de Watchmen me parece válida, en que mantiene la esencia de la novela: en los personajes, en la ambientación de inseguridad ante una guerra inminente, en la invitación a la reflexión. Si no habéis visto la peli o leído la novela, os recomiendo ambas.
lunes, 22 de diciembre de 2008
Yo soy tu padre
Vale, sé que la frase está un poco manida, pero voy a hablar de Star Wars: The exhibition, y mi momento favorito de la saga entera es justo en el que la voz de Constantino Romero revela a Luke Skywalker la paternidad más controvertida de la galaxia.
Ubicación y fechas
Vamos a ser rigurosos y empezaremos por el principio. La exposición se aloja en el Centro de exposiciones Arte Canal, del Canal de Isabel II (Madrid). Está en el Paseo de la Castellana, 214, junto a la Plaza de Castilla. La parada de Metro de Plaza de Castilla (líneas 1, 9 y 10) está al lado. Además, paran muchos autobuses, tanto de la EMT como interurbanos (Plaza de Castilla tiene un intercambiador de autobuses). Viajando en Renfe, la estación más cercana es Chamartín.
La exposición abrió el pasado 15 de noviembre y durará hasta el 15 de marzo de 2009. Se puede visitar los siete días de la semana, de 10:00 a 21:00 horas ininterrumpidamente, salvo un par de excepciones. La actividad paralela Escuela Jedi tiene un horario expuesto en taquilla, y es un espectáculo que dura unos 15 minutos. Las entradas se pueden comprar en taquilla, por internet, teléfono o en la red de cajeros de Caja Madrid. El precio es de 10€, aunque hay descuentos por edad y a grupos. Al final del artículo os dejo un par de webs para ampliar información sobre horarios, precios, etc.
Saltamos al hiperespacio
Ya con nuestra entrada en la mano, pasamos al recinto. La exposición está estructurada en módulos temáticos. El primero que nos encontramos es Galaxia, una pequeña introducción a la saga que inició George Lucas en 1977 con La Guerra de las Galaxias, cuarto episodio de la serie.
De ahí pasamos a la Nave, donde nos reciben los androides C3PO y R2D2. Están permitidas las fotos, así que os vais a poner morados. La Nave funciona como distribuidor a los nueve ámbitos que componen la exposición. Los módulos no están comunicados entre sí, así que se con un mínimo de orden, se van viendo uno por uno sin perderse.
La distribución es geográfica. Cada ámbito corresponde con un planeta (dos en algunos casos) que aparece en la saga: Geonosis, Tatoonie, Kasyyyk / Utapau, Coruscant / Kamino, Hoth, Mustafar, Naboo, Endor, y La Estrella de la Muerte (que no es un planeta, lo sé, pero merecía un módulo para ella sola). En cada ámbito se exponen imágenes, maquetas, story-boards, miniaturas y trajes correspondientes al sitio. De este modo, en el módulo de La Estrella de la Muerte veremos el traje del mismísimo Darth Vader, en el planeta Kasyyyk podremos contemplar dos impresionantes Wookies, o en Tatoonie descubrimos que los cientos de espectadores que presenciaron la carrera de vainas en La Amenaza Fantasma son en realidad bastoncillos. No faltan los vestidos de la reina Amidala y algunos trajes de la princesa Leia. Sí, chicos, el oscuro secreto de vuestras fantasías, el bikini que lucía como esclava de Jabba el Hutt, también está, aunque desluce un poco sobre el maniquí. Cabe decir que todo lo que vais a ver en la exposición (vestuario, maquetas, miniaturas) son piezas originales de los rodajes, lo que constituye el verdadero encanto de la muestra.
La perspectiva de la exposición combina la plena inmersión en el universo Star Wars con el documental. Por un lado, se nos presentan lugares y personajes como si fueran verdaderos. Se habla de las características geográficas y geológicas de un planeta; se presenta a un personaje por sus vida, obra y milagros (aludiendo a los episodios en los que aparece, eso sí); o se nos muestra una cronología de las diferentes batallas y guerras a lo largo de la saga. Por otro lado, los story-boards y las maquetas nos recuerdan que el universo Star Wars es una recreación. Una sección también proyecta un pequeño documental de forma cíclica que habla sobre algunos secretos de rodaje.
Toda la información de la exposición se presenta en inglés y en castellano. El lugar es perfectamente accesible para las personas que vayan en silla de ruedas. Las piezas se exponen todas en vitrinas, lo que unido a la tenue iluminación de los módulos (cosa que obliga a usar el flash) tal vez resulte un poco incómodo a la hora de realizar las fotos, pero es un inconveniente menor.
Reentrada en la realidad
Cuando hayáis completado los nueve módulos, el recorrido hacia la salida os llevará a través de la zona de juego: una hilera de videconsolas con el último videojuego de la franquicia. Antes de salir, visita obligada a la tienda, donde se puede encontrar variedad de merchandising de la saga, que no deja de ser una de sus principales fuentes de ingresos. Hay desde alfombrillas de ratón y tazas americanas (5 y 7€ respectivamente) hasta réplicas de los sables de luz por 140€, pasando por los libros de la serie y muñecos a discreción.
Fuera del recinto hay expuesta una réplica de un Caza estelar Naboo N-1 (el que pilota Anakin Skywalker de niño en La Amenaza Fantasma casi por error). También hay un par de sets donde podemos hacernos fotografías e incluso grabarnos en DVD, únicas actividades que se pagan aparte, por cierto.
Hasta aquí, el recorrido se puede hacer en unas dos horas y media, dependiendo de lo que os entretengáis en la zona de juegos y la tienda. Pero es tiempo de sobra para ver toda la exposición con tranquilidad, leyendo toda la información, tomando fotos, viendo el documental, e incluso parando a descansar unos minutos.
La Escuela Jedi
Se trata de una activdad paralela. Consiste en un pequeño espectáculo de unos quince minutos de duración en el que participa el público. La participación está especialmente dirigida a los niños, aunque no hay límite de edad. Las entradas para la Escuela Jedi se adquieren por separado presentando la entrada general de la exposición (es una actividad gratuita). Hay un horario de sesiones y aforo limitado, por lo que cuando vayáis allí tendréis que organizaros.
Enlaces de interés
Para completar la información sobre horarios, precios y demás, las webs oficiales son:
No me queda más que decir, salvo que la fuerza os acompañe.
Vídeo promocional de la página www.uau.pt, promotora de la exposición. Fotografías cortesía de Itziar.
viernes, 6 de junio de 2008
Tuvimos la Eurovisión que nos merecimos: FRIKIVISIÓN (2)
La verdad es que después de tanto tiempo me parece un poco absurdo hablar de la gala de Belgrado, lo que demuestra en parte que todo ha sido un boom del momento. Mucho ver a Chikilicuatre, mucha canción del verano adelantada, mucha resaca del día siguiente, pero nada más. Por lo que he leído, el personaje ficticio que nos representó habrá hecho ya su última actuación en el programa que lo parió (en el buen sentido de la palabra), esperemos que para poner fin a la bromita. Si la alargan más ya cansaría, como le pasó al otro pigmalión de Buenafuente, el neng de Castefa.
Pero hablemos de lo que nos interesa: los frikis que, junto con España, adornaron ese crisol cultural que es Eurovisión. No tardaron mucho en salir. Hubo un par de actuaciones del montón al principio: Alemania, creo recordar, Reino Unido (con una canción anodina; en el panorama pop podría funcionar tan bien o tan mal como cualquier otra; así acabaron los últimos empatados con Alemania y Polonia), y alguna más (no voy a poner el repertorio completo).
Entonces actuó Bosnia-Herzegovina con el primer freakazo de la noche. Un dúo del que recuerdo el curioso nombre del chico: Laca (no, para el pelo no). Los vecinos de los anfitriones desplegaron un bizarro montaje en el que se tendía ropa y aparecían unas novias más que maduritas. Verlos me proporcionó un consuelo: no seríamos los únicos que haríamos el ridículo. Eso sí, obtuvieron el doble de puntos que nosotros.
La siguiente gran actuación fue Finlandia, en octavo lugar. Con Teräsbetoni, el país escandinavo volvió a apostar por el heavy metal que les diera la victoria dos años atrás de manos de Lordi. Sin embargo, aunque en mi opinión bordaron el tema Missä Miehet Ratsastaa (Donde cabalgan los hombres) las votaciones relegaron a Finlandia al 22º puesto, sólo delante de los tres farolillos rojos.
¡Manolo! ¡Ponnos unas jarras de birra, una de bravas y otra de oreja!
Continuó el desfile de concursantes, alternando los más “eurovisivos” con alguna que otra rara avis. Me llamó la atención Croacia, con su abuelo rapero y ese toque folclórico con el acordeón y la bailarina. Armenia (al igual que Ucrania, que saldría más adelante) contaba con una atractiva intérprete cuyo ritmo supo animar al respetable. Y en ambos casos fueron premiadas con una generosa cantidad de puntos que las izaron a las posiciones cuarta y segunda respectivamente. Ucrania, de hecho, estuvo en liza por la primera plaza y se mantuvo casi siempre en el pódium. Islandia apostó por una canción eurodance bastante pastelera, y Turquía por el rock alternativo, aunque la actuación no me pareció demasiado brillante. No obstante, Islandia acabaron en 12ª posición con 68 puntos, y Turquía finalizaron séptimos.
Le tocó el turno a Letonia, de los que esperaba algo más. Aunque la canción puede que no fuera un bombazo, su propuesta me pareció cuanto menos divertida, con un look a medio camino entre los Mägo de Oz en concierto y la versión porno de Piratas del Caribe. Los Piratas del Mar, con una canción de título casi igual, Wolves of the Sea, zozobraron un poco. Es un tema muy “de estudio” y en directo es fácil que pierda fuerza, a pesar de su estribillo pegadizo y fiestero.
¿No sale Jesse James en este vídeo?
Siguieron algunas frikadillas más, como la de Francia con un intérprete barbudo que hizo extensiva su imagen a las coristas. Ucrania animó el cotarro (ya la he mencionado). Grecia fue una de las más aplaudidas, y hasta el último momento optó por la victoria. Personalmente no me entusiasmó. Una canción popera, propia de un triunfito. Eso sí, muy “eurovisiva”. España hizo aparición con su cantadísimo Chiki Chiki. No entiendo cómo el Chikilucuatre salió tan apocado al escenario. La canción es una chorrada, vale, pero le faltó fuerza, descaro. Supongo que fueron nervios, pero lo cierto es que los retoques que le hicieron al reggaeton una vez fue seleccionado para ir a Belgrado nunca me terminaron de convencer. Os dejo un último vídeo, el de Azerbaiyán (he tenido que mirar cómo se escribe; probad a decirlo en plan gañán: azer… ¡baiyáaaaaaaaan!), con una puesta en escena bastante curiosa, una confrontación ángel vs. demonio, aunque la canción tuvo opiniones dispares. No obstante, Day after day proporcionó al país debutante una más que meritoria octava posición.
Farinelli, me vas a dejar el tambor de Ariel, que quiero lavarme la ropa.
Pues así concluye la euroandanza de Chikilicuatre. Decimosexta posición de un total de veinticinco (inserte aquí su rima). No es un gran triunfo, pero aparte de las pajas mentales de algunos, no se esperaba llegar demasiado lejos. De hecho, hemos mejorado en el ranking respecto a ediciones anteriores (¡ay, las Ketchup!), y ha sido el festival más visto en años. La tontería no salió tan mal, al fin y al cabo. Cuando termino esta entrada, en efecto el programa de Buenafuente ha jubilado a Chikilicuatre [enlace], creo que con acierto. No obstante, el presentador de Reus se guardó un as en la manga. Chikilicuatre abandonó el plató subido a un coche fúnebre en el asiento del copiloto, no en el féretro, y al final del sketch se pudo leer sobreimpreso un ¿Continuará? Quién sabe si volveremos a saber de él. Pero una cosa es casi segura:
No en este blog.
mighty_eldarion@hotmail.com (comentarios, sugerencias, preguntas, dudas e insultos en general).domingo, 1 de junio de 2008
Tuvimos la Eurovisión que nos merecimos: FRIKIVISIÓN (1)
Ya lo sé: ahora que se empezaba a pasar toda la resaca de Eurovisión y de si podíamos darnos por satisfechos con nuestra decimosexta posición, va el cansino este (un servidor) y pone un post sobre el trillado festival que vimos el pasado fin de semana. Pero es que la emisión me pilló fuera de Madrid y he tenido de por medio el programa de radio.
De la validez de la canción que participó por España no sé qué decir. Cuando la vi presentarse al concurso Salvemos Eurovisión propuesto por RTVE me pareció una desfachatez. RTVE debería haber dejado claro que sólo podían participar cantantes y músicos de verdad. Claro que… por esa regla de tres yo habría vetado a la mitad de los participantes. Y es que a cualquier cosa le llaman música: Operación Triunfo, King Africa, Alejando Sanz (os recuerdo que debutó como Alejandro Magno)… Rodolfo Chikilicuatre se beneficiaba además de una notoriedad exponencialmente superior a la de cualquiera de sus competidores gracias a su ventana escaparate, el programa de Buenafuente. No me convencía tampoco el sistema de votación, muy democrático gracias a internet pero también bastante sesgado. La red de MySpace tampoco es santo de mi devoción, manías mías, y los problemas técnicos, votos fraudulentos y polémicas no faltaron durante el proceso de selección. Las votaciones por internet aún no están demasiado consolidadas, y pasó lo que suele pasar, que cada uno vota al amigo, conocido, o candidato que le es afín por cualquier razón, todas las veces que puede (en este caso, un máximo de cinco al día). El Chiki chiki o como se escriba, uno de los pocos temas que había llegado al gran público, tenía una ventaja indiscutible. RTVE intentó enmendar sin éxito el fregado en el que se había metido, y buscó alguna irregularidad en la canción que ya se perfilaba como futura representante eurovisiva que le permitiese apearla de la competición. Pero al final llegó la gala y aunque el jurado repescó canciones que se habían quedado por votación y que se supone que tenían calidad suficiente para competir en la final de Belgrado (lo de siempre: mucha votación democrática, mucho dejar elegir al pueblo, pero intentamos colar lo que queremos nosotros), David Fernández fue el escogido para representarnos en Frikivisión caracterizado como Rodolfo Chiquilicuatre. Perrea, perrea.
Después de ver trozos sueltos de esa gala, pensé que Chikilicuatre era una opción acertada. Se trataba de un actor que sabía que hacía el payaso. El resto también hacían el payaso, pero se creían que sus canciones eran buenas, frescas, atrevidas, y adjetivos similares. Vale, no todos hacían el ridículo. Había algunos participantes que cantaban insulsa música de lo más comercialita. En los dos meses posteriores he oído todo tipo de tonterías acerca de la canción: que el autor de la letra era Santiago Segura (falso); que se trataba de un nuevo intento de El Terrat de mandar a un participante de su compañía para ridiculizar el festival después de una tentativa sin éxito de enviar a un concursante cantando en catalán; que si los documentales de
Baila el Chiki-chiki se habrá convertido en el politono más descargado. Qué se puede esperar de un país que ha vendido politonos hasta del ¿Por qué no te callas? que le espetó el rey a Hugo Chávez. Rodolfo Chikilicuatre fue en principio un gag del programa de Buenafuente a propósito de un músico que había inventado una guitarra con vibrador (se la puede ver formando parte de su atuendo), pero al ver el concurso propuesto para seleccionar representante eurovisivo, probaron suerte. ¡Y mira cómo se les ha dado! A las descargas del politono se le han sumado mil y una versiones alternativas. Si bien una de las más célebres es la perpetrada por El Gran Wyoming, llamada El Chiki-facha, mi favorita es la que ironiza sobre el lenguaje de programación JavaScript.
Como ya he escrito bastante. El comentario sobre la gala lo pondré dentro de unos días. Por otra parte, tengo en reserva un par de críticas de cine hechas por David, así que no van a faltar contenidos para el blog durante un buen tiempo.
mighty_eldarion@hotmail.com (comentarios, sugerencias, preguntas, dudas e insultos en general).
domingo, 25 de mayo de 2008
Feliz día del orgullo friki
Desde hace dos años, empezó a celebrarse en España en Día del orgullo friki, y se escogió el 25 de mayo para conmemorarlo. La fecha no es al azar: ese día, en 1977, se estrenaba La guerra de las galaxias. Este año, igual que el pasado, me va a pillar fuera de Madrid. Eso sí, esta vez, y confiando en la tecnología de Google, espero que esta entrada se publique mágicamente el día 25, a pesar de no estar yo al teclado.
El término “friki” es la adaptación al castellano del vocablo inglés freak, que podríamos traducir por “fenómeno anormal” o también “fanático”. The Freakshow, de Tod Browning, se tradujo aquí como La parada de los monstruos. Era un término que se usaba para denominar a esos fenómenos circenses, del tipo mujer barbuda, hombre elefante y esas cosas. No obstante, aquí ha adquirido un término mucho más amplio y se usa para denominar a muchos tipos de personajillos que en Estados Unidos se clasifican en nerds, geeks y demás.
Pero además, mientras los jugadores de rol, empollones, etc, se enorgullecían de ser frikis, también se empezó a llamar frikis a otro tipo de fenómenos televisivos (esos horteras de los que se reía Javier Cárdenas y que provocaban vergüenza ajena por lo general). Se retomaba el concepto original, “monstruo de feria”. Al igual que ocurre con los pijos, friki se puede usar tanto de forma despectiva o como rasgo definitorio y por el que se puede mostrar orgullo. Hay frikis que dicen serlo, y otros que lo niegan.
Ahora casi todo el mundo es friki, de una u otra forma. Friki significa raro, y la rareza supone un rasgo distintivo, una vía de escapar de esa tan cacareada normalidad, que al estar tan estandarizada es difícil que alguien pueda ser totalmente normal. Mola ser raro, porque al ser raro se puede ser diferente, se puede ser único. Pero a más de uno le dolería saber que lo que le hace supuestamente tan especial es bastante más común de lo que se piensa. Los mileuristas, que ya no son chavalillos, han descubierto que ese código común del que provienen, el que mamaron viendo la tele de pequeños y que hace que canten Oliver y Benji cuando se toman tres cervezas de más, ha adquirido rasgos frikis, pues las series que veían de pequeños, rescatadas gracias a la red o a reediciones en DVD, son objeto de culto. La casta friki ha demostrado ser rentable, eso sí. Aunque los productos que demanden puedan no ser muy mayoritarios, su afán por coleccionismo y el dinero que pueden invertir en él los hacen consumidores muy preciados.
De todas formas, los que celebráis este día sabéis quienes sois. Sois los que en el instituto preferíais los libros y los videojuegos al fútbol. Los que no érais populares con las chicas, y muchas veces tampoco entre los chicos. Antes erais mayoría aplastante de varones, pero cada vez se nos suman más chicas. Sois los que devoráis pelis y libros, los que estais viendo que aunque os hacían a un lado, cada vez sois más, y no estais solos, y empezáis a pensar que juntos podríais dominar la galaxia.
A todos ellos:
May the Force be with you.
mighty_eldarion@hotmail.com (comentarios, sugerencias, preguntas, dudas e insultos en general).
martes, 18 de diciembre de 2007
Frikis reunidos, S.A.
Bien, hace ya tiempo de esto. Está claro que a este blog no le podemos dar el premio al contenido más actual. Si a pesar de todo queréis saber qué tal mi andadura por la pasada edición de Expocómic hace un par de semanas, os invito a leer esto.
El despertador sonó poco después de las ocho. Para ser un sábado, era demasiado temprano. Y aunque no había llegado tarde la noche de antes, entre unas cosas y otras creo que dormí unas seis horas. Menos de los que acostumbro, eso desde luego. Estrenábamos mes y yo ya tenía preparado (menos mal) el Abono Transporte. A las nueve y media más o menos ya esperaba el autobús. Expocómic está en el Pabellón de Convenciones de
Así pues, allí estaba yo, en el autobús, con mi inseparable maletín, y enviándole un mensaje a Vero (podéis visitar sus blogs pinchando los banners de la derecha) avisando de que llegaba tarde. Bueno, en realidad yo nunca llego tarde: lo mío es un elegante retraso de 15 minutos, que llegar puntual no está in. La idea de meterme en un recinto no demasiado grande para andar pasito a pasito viendo stands entre la multitud no me motivaba demasiado, y es que las multitudes ya no me entusiasman como antaño. Vamos, que Expocomic reunía todos los ingredientes para querer rehusar una visita por mi parte. Pero en cambio, tenía algunos atractivos, como ver a los frikis (palabra que escribo con todo mi cariño y no en plan despectivo) disfrazados de personajes de cómics y series manga, que me sonaban levemente pero que no siempre era capaz de identificar. Y sobre todo y motivo principal, hacía su primera visita oficial a Madrid la ilustradora Victoria Francés, autora de gran valor simbólico para mí por ser el primer UDELV que apareció en la red. No podía perderme la oportunidad de verla en persona, y es que de las pocas cosas que he aprendido por experiencia, es que no hay que dejar que los sueños se queden ahí, como meros sueños, sino que hay que hacer algo por convertirlos en realidad.
Poco antes de las diez y media ya estaba dentro del salón. Di una primer vuelta de reconocimiento, familiarizándome con el lugar, la distribución, etcétera. En seguida encontré a Vero y el grupo con el que iba, más numeroso conforme avanzaba la mañana. Dado que no tenía intención de rebuscar algún número descatalogado o rareza en el mundo del cómic, y que las cuatro colecciones que compro habitualmente las encuentro cómodamente, decidí asistir a algunas de las charlas, mesas redondas o como las llamasen, y así no estar dando vueltas durante las dos horas que quedaban para la firma.
La primera de ellas fue acerca de la historia no oficial de Spiderman. De los cinco o seis ponentes conocía a Julián Clemente, que comenta las colecciones Marvel que edita actualmente Panini. No hubo preguntas, y la única cuestión que me rondaba fue respondida implícitamente durante la disertación que mantuvieron. Por lo demás, una conferencia entretenida a la que se le habría podido pedir mucho más, especialmente al tratarse de adultos.
Con tiempo aún hasta la sesión de firmas, hice algunas rondas más por el recinto, en las que tomé algunas fotos de los disfraces que más me llamaron la atención. He de decir que todos los chicos y chicas que habían acudido con algún disfraz se portaron estupendamente y posaron todas las veces necesarias para que los asistentes (periodistas, bloggers, simples aficionados o meros curiosos) pudiesen hacer las fotos. Esto incluye a los soldados de asalto, que eran parte del personal de la organización, y que mostraron una auténtica actitud de stormtrooper en cuanto a las poses.
Se acercaba la hora y decidí separarme nuevamente del grupo de Vero para acudir a la conferencia que había en el mismo escenario de antes, en el que comenzarían las firmas cuando ésta acabase. Se hablaba esta vez sobre la situación del pequeño cómic en la industria y lo difícil que lo tiene ante las grandes franquicias, como sucede en otras muchas industrias culturales. De la mesa conocía a Pere Oliver, al que una vez le planteé un pequeño proyecto creativo junto con un amigo. Fue una ponencia más seria en general que la anterior y plagada de buenas intenciones.
Mientras estaba en la charla, vi que Vero y algunos de los demás ya esperaban sentados allí. Me fijé entonces en que algunos fans se arremolinaban en torno a una pequeña mesa de la organización. Me acerqué a preguntar y me enteré de que para la firma había que apuntarse. Vamos, pedir la vez. Y a mí me dieron el 21. Avisé a Vero para que cogiese número y seguimos esperando mientras iba terminando la charla, nerviosos por cómo se organizaría la cola, y si ese número que nos habían dado iba a ser garantía de un puesto en la fila. Despejaron la mesa del escenario y empezaron a prepararla para la firma de Victoria Francés y otros autores (de los que destacaba Carlos Pacheco). Los tiempos se ajustaron mucho y fue inevitable un retraso mientras se ponía todo en orden. Se organizaron las colas, nombrando a la gente apuntada para cada autor. Fue quizá el menor de los males. Todo eso hizo perder algo de tiempo. De haberse podido organizar en un buen sitio con el tiempo suficiente, y no con otro acto que terminaba justo a la hora que empezaban las firmas, habría sido ideal. Pero así quedó un tanto apresurado.
Total, que allí estaba yo, con veinte fans delante ansiando una firma (y a saber qué más) de Victoria Francés. La organización había explicado que durante una hora aproximadamente los autores harían dibujos, y que a partir de ahí sólo firmarían, con el fin de que pudieran conseguir al menos la firma todos los fans posibles. Las colas más concurridas eran las de Victoria y las de Pacheco, ambos autores en sendos extremos de la mesa. No me pasó por alto la enorme diferencia entre el fan medio de uno y otro dibujante. Durante la primera hora no avancé mucho. Los fans pretendían que les dibujase en más de un libro, le daban algunos regalos, hablaban con ella, y no faltaban las fotos. Algunos incluso llevaron imágenes impresas u hojas en blanco. Y una cosa es que los Camela firmen discos del top manta, pero aquello era surrealista. Mientras tanto, tiré las primeras fotos a Victoria, pude relajarme con la tranquilidad de que tenía el sitio asegurado, y dejé el abrigo al cuidado de Iván, que aguardó pacientemente sentado mientras duró la firma.
Pasada esa primera hora de dibujos, el ritmo de la cola se incrementó notablemente. El revuelo detrás de mí aumentó y Vero y el resto de chicas me contagiaban los nervios. Le encomendé a Vero sacarme una foto con Victoria. Llegó finalmente mi turno y le entregué a Victoria el número dos de Favole para que lo firmase. No sabía muy bien qué decir, no me gusta adoptar el rol de fan histérico (que a mis años ya no me pega) y hacer la rosca no es mi estilo. Le entregué, eso sí, un CD con el UDELV que le dedicamos hace ya más de un año. Ella estuvo muy cordial en todo momento, accedió a la foto de rigor y se despidió sin perder la sonrisa.
Tras recibir la firma me quedé en los aledaños del escenario, junto con el resto del grupo, que bajaban de la tarima libro en mano. Tomamos algunas fotos más. En mi caso, además de fotografiar a Victoria también saqué algunas fotos de Bressend, que causó sensación con su capa y capucha, caracterizada como Ebony. La firma se prolongó varios minutos depués de las dos de la tarde (supuesta hora tope), y sólo los fans más rezagados de Victoria y de Carlos Pacheco seguían allí a la espera de alguna firma.
La mañana había resultado larga y bastante agotadora. Hablé con Vero acerca de lo que pensaba hacer por la tarde. Me hubiera gustado quedarme a la firma e incluso participar en la entrevista, pero había que esperar demasiado. Me despedí de todos, esperando no tener que aguardar a una nueva edición de Expocómic para encontrarnos de nuevo. Y así, tras el madrugón, pagar la entrada y hacer más de una hora de cola, volví a mi casa con un libro firmado, unas pocas fotos en la cámara, y un breve encuentro en la memoria.
Mereció la pena.
La próxima entrada será ya cuando arranque el 2008: felicitaciones para el año, lista de buenos deseos y puede que alguna novedad. Hasta entonces, ya sabéis: no dejéis de leer un libro.
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