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lunes, 23 de junio de 2008

Seguimos con el cine: Cotton Club

Antes de enviarme su crítica de Los puentes de Madison, David me había mandado otra reseña, esta vez del musical Cotton Club. Sí, ya sé que ando un poco vago. Pero al fin y al cabo, al material de David hay que darle salida. Bastante aguanta con esperar a que yo tenga hueco para poner sus entradas. Y la verdad es que el peculiar estilo de David cada vez me va gustando más. Así que aquí les dejo con la reseña de Cotton Club.

Muy buenas, amigos. Hacía mucho, muchísimo tiempo que no les mandaba una de mis critiquillas tras disfrutar de una peli, pero tras toda tormenta llega la calma y aquí llego yo con una nueva entrega, se trata de la película Cotton Club, por lo que si me permiten.....

Retomo el testigo donde lo había dejado, con el mejor sabor que el Harlem Neoyorquino puede mostrarnos, al ritmo de jazz y claqué y les invito a pasar una estupenda velada en el club más exclusivo de la Norteamérica de los años veinte, donde se entremezclan las luchas raciales entre blancos y negros; y cómo éstos consiguieron poco a poco, con más sudor, sangre y lágrimas que sonrisas, hacer valer sus derechos como ciudadanos y más aún, como personas, junto con el dominio de la ciudad por las mafias.

Si les seduce la idea ¡pasen pues al Cotton Club!

Mas, toda película, como toda historia, tiene un comienzo, y éste no es sino la historia de los no menos exclusivos personajes que frecuentan dicho club y de cómo Dixie Dwyer, atractivo trompetista en busca de fama y éxito, interpretado por Richard Gere, salva, de forma improvisada la vida a uno de los más temidos gánsteres de la ciudad, Dutch Schultz, “El Holandés”; a quien da vida Bob Hoskins. Éste se siente en deuda con él y decide incorporarlo a su nutrido grupo de, entre muy dudosas comillas, amigos.

A su vez, somos partícipes de las no menos interesantes vidas de otros personajes, como la de Sandman Williams, un exultante bailarín de color, interpretado por Gregory Hines, en busca, igualmente del estrellato, o, la ambiciosa a la par que peligrosa vida entre la espada y la pared de Vera Cicero, a quien da vida Diane Lane, la cua, es ascendida a la gloria y el poder gracias a su belleza y a ser la amante de El Holandés, mas el verdadero amor no entiende de riquezas ni argucias y su vida puede correr peligro ante la pasión prohibida que siente por Dixie.

Entre éstas y otras vidas entrelazadas, se dejan intuir los problemas y atrocidades a las que los negros se veían obligados a pasar, por el mero hecho de no ser iguales a los blancos en el exterior, como puede ser la prohibición de entrar a determinados sitios, como el night club en el que gira nuestra historia. Muestra de la manera más cruda el desprecio y la indiferencia por los seres humanos distintos a los demás y de igual forma en una de las escenas más románticas a la par que tiernas, en la que encontramos a Sandman y a su pareja en un hotelito con encanto, dando rienda suelta a su amor, en la cual, él le pregunta a ella por qué no quiere casarse con él y prefiere ser la secretaria blanca de un abogado, escuchamos como respuesta que (ella) quiere conseguir la fama y el estrellato por ella misma y que si sigue con el abogado es por que gana cinco veces más sueldo como secretaria blanca de tal abogado, que lo que jamás ganaría en el Cotton Club como bailarina negra y que si lo hace, es por que puede y sería una tontería no beneficiarse de su, también entre comillas, falta de color negro en la piel.

Asimismo tendremos que ser rápidos y agachar la cabeza en muchas ocasiones, mientras buscamos algún portal en el que guarecernos, si no queremos caer muertos entre el fuego cruzado de los matones y pistoleros a sueldo de los más grandes e ínclitos mafiosos que luchan por el poder en la ciudad, yo les recomendaría que estuviesen ojo avizor y que tuviesen cuidado con sus amistades en Harlem, je, je, je. Y es que nadie sabe las intenciones de un padre de la mafia veladas por el humo azulado de un cigarro a la luz mortecina de las candilejas del Cotton Club.

Pero, por favor, disfruten del espectáculo, siéntense y déjense llevar por el ritmo de la batería, la música de trompeta y disfruten de una buena copa de coñac y recuerden, si escuchan disparos a su espalda, no se preocupen… ¡Todo forma parte del espectáculo!

Cotton Club

  • Título original: The Cotton Club
  • 1984, Estados Unidos. 128 mins.
  • Director: Francis Ford Coppola
  • Guión: Francis Ford Coppola & William Kennedy
  • Música: John Barry
  • Fotografía: Stephen Goldblatt
  • Reparto: Richard Gere, Diane Lane, Gregory Hines, Nicolas Cage, Bruce McVittie, Lonette McKee, Bob Hoskins, James Remar, Allen Garfield, Gwen Verdon, Tom Waits, Jennifer Grey
  • Productora: Orion Pictures
  • Género: Musical. Drama
mighty_eldarion@hotmail.com (comentarios, sugerencias, preguntas, dudas e insultos en general).

lunes, 16 de junio de 2008

Dale ahí, Clint

El otro día, David se puso a buscar alguna película para ver después de comer. Le apetecía algo con acción, con disparos, con un héroe de los de antes, un tipo duro. Se dijo "vamos a ver alguna de Clint Eastwood". Así que se puso a buscar.

"¡Anda! ¿Y esta?
Los puentes de Madison. ¡Ey, esta no la he visto!"

Es lo que pasa cuando no te fijas en la portada. Total, que se puso a verla. Y aunque Clint no se cargó ningún puente durante la película, le gustó lo bastante como para mandarnos esta crítica. Por cierto, advierto que desvela un poco el argumento, pero incluso si no habéis visto esta película, tampoco leeréis nada que os sorprenda.

En esta ocasión, llega la hora de disfrutar de una grandiosa película de amor, uno de esos románticos filmes, en los que se funde el deseo con el deber, la rutina con la melancolía del recuerdo de un breve estadio de felicidad absoluta.

La verdad es que debo reconocer que tenía esta película entre otras tantas de mi videoteca y ahí estaba con su carátula informática cogiendo polvo entre los bytes y bytes de mi ordenador, pero hace unos días hablando con una gran amiga mía surgió esta película y tras disfrutar de una opípara comida y sin ganas de sestear me he tirao en el sofá para disfrutar de la misma.

Ya venía con una idea de lo que me iba a encontrar, mas ésta estaba muy muy cogida por alfileres y debo reconocer que ha sido una gratísima sobremesa; en sus poco más de dos horas de rodaje, descubriremos, junto a los protagonistas de la película, que no de la trama, el secreto que su madre, recién fallecida, quiere transmitirles; sobre todo para que sus vidas dejen de ser meras obligaciones, para que dejen de seguir el rol establecido por el mundo y si quieren, sólo si quieren, vivan con intensidad, como hizo ella durante cuatro hermosos días.

Como digo, todo comienza en la típica escena, en la que aparece el abogado familiar descubriendo el legado de la madre fallecida, tras abrir la caja de seguridad y dejar contrariados a los hijos de la difunta por su deseo expreso de ser incinerada y derramar sus cenizas sobre uno de los puentes del condado de Madison; sobre todo por tratarse de una familia cristiana y contravenir tal deseo los cánones de esta religión. Pero este detalle quedará eclipsado tras descubrir lo que se halla en la caja de seguridad, pues en ésta no se encuentran ni joyas ni altas sumas de dinero, si no simples cartas junto con unas fotografías en las que aparece la difunta madre y otro personaje, coprotagonista de la trama, un fotógrafo itinerante de la revista Nacional Geografic. Descubriéndose en parte el idilio amoroso que ambos mantuvieron durante cuatro días en los que el resto de la familia acudió a una feria estatal de muestras y ganado.

Además, tras estos duros momentos, descubren un diario en el que Franchesca, la madre fallecida, cuenta pormenorizadamente los detalles de tal aventura amorosa intentando reclamar de parte de sus hijos un “perdón” por el secreto de tal hecho y sobre todo por reclamar una comprensión pues pese a todo, sacrificó su vida por ellos, aunque más que su vida, sacrificó su deseo, la felicidad de estar con el ser amado, por no destrozar la vida de su familia.

Tras la indignación inicial por parte de los hijos de Franchesca, al saberse enterados del secreto, comenzamos a vivir los detalles de aquellos cuatro días tan lejanos en el tiempo, en unos inicios por la voz de sus hijos, para seguidamente viajar en el tiempo a aquella época y acompañar a Franchesca y Robert durante unas jornadas llenas de pasión, ternura y simbolismo.

Además de todo esto, en la pelicula se nos muestran todos los pros y los inconvenientes de vivir en una zona rural, en la que todo el mundo se conoce, donde no es preciso cerrar puertas y los niños pueden corretear sin miedo por las calles. Pero, la tranquilidad del lugar, el vivir en la naturaleza y la confianza entre vecinos, puede verse truncada por las habladurías y la reprovación de aquellos, si alguien de la comunidad se sale de las costumbres preestablecidas. Así pues, junto al pudor de unos primeros instantes, junto a la pasión desbordada, junto a la furia de los amantes, por saber que nada es eterno, viviremos el miedo por ser descubiertos y la duda sobre saber si lo que se está haciendo es correcto y más aún la incertidumbre de dejarlo todo para vivir con esa persona que te entiende, que conoce cada uno de nuestros pensamientos, con esa persona complementaria, cual llave a su cerradura, o seguir aquí donde uno ha afianzado sus raíces, donde goza de una vida felíz, pero tranquila y monótona; para finalmente sacrificarnos con Franchesca para que sus retoños y su marido no tengan que sufrir sin culpa alguna la incomprensión de los demás.

Aquella indignación de los vástagos irá transformándose durante la película en los momentos en que volvemos al presente, en comprensión, para finalmente truncarse en sorpresa por el descubrimiento de que su madre, lejos de ser una aburrida ama de casa, tenía una vida llena de sorpresas de la cual, ellos ni sospechaban y lo que es más importante, aquella indignación se convierte a la postre en enseñanza haciendo comprender a sus hijos, que quizás están incurriendo en los mismos errores que sus progenitores, al vivir unas vidas monótonas en las que pese al amor por la pareja no demuestran sus sentimientos ni comparten con el otro la felicidad diaria.

Así pues, disfruten de esta película como lo he hecho yo y dejen correr sus lágrimas si fuere preciso, pues sin duda también es una enseñanza de la que podemos sacar partido y al fin y al cabo, una película está hecha para entretener, pero si uno no se queda sólo ahí y trasciende en el mensaje, si saca algo en limpio y es capaz de utilizarlo en su beneficio, como dicen los franceses, chapó. (Aunque les seré franco… jamás entenderé que algo perfecto que es a lo que se refiere tal palabra, tenga que ver con sombrero, que es la traducción literal de la misma, como no sea lo que en nuestro idioma vernáculo equivale a “poner el punto sobre la i” como símbolo de cierre, de rematar algo con perfección, pero…. Me estoy llendo a la luna de Valencia…. Jejeje.)

¡Un abrazo y que se dé bien!

mighty_eldarion@hotmail.com (comentarios, sugerencias, preguntas, dudas e insultos en general).

domingo, 6 de abril de 2008

Cuando alguien lleva un Perro Guía

Saludos, lectores barra oyentes.

Vamos a cambiar de tercio en esta ocasión. Y es que hace poco mi fiel colaborador me envió un correo que creo que merece la pena comentar aquí. Trata acerca de los Perros Guía, término que ha sustituido al obsoleto perro lazarillo, que tenía connotaciones de caridad y misericordia. ¿Conocéis a alguien que lleve un Perro Guía? ¿Alguna vez os habéis cruzado con uno? Vale, ya sé que muchos de nuestros lectores pertenecen al colectivo de personas ciegas (que eso de invidente será más políticamente correcto, pero es un eufemismo, ni que decirle a uno ciego fuese un insulto). Para aquellos que sintáis curiosidad, aquí os dejo un pequeño manual de comportamiento que después comentaré.

¡Hola!:

Soy un Perro Guía y quiero contarte cómo debes actuar cuando te encuentres conmigo en compañía de mi amo ciego.

Yo, como Perro Guía, soy un perro de trabajo. No constituyo una mascota, no soy un perro de exhibición. Mi comportamiento y trato es totalmente diferente, y debo ser respetado en mi función de guía y fiel compañero de mi amo ciego. Por favor, no me toques o acaricies cuando me encuentre trabajando, es decir, con arnés. Esto significa distraerme de mi misión. Lo más adecuado es ignorarme: así efectuaré un trabajo perfecto. No sientas temor hacia un Perro Guía como yo: nunca te haré daño. Si tienes un perro, por favor contrólalo, evitando que pueda producir un accidente cuando pasa junto a mí en compañía de mi amo ciego. No me ofrezcas golosinas o alimentos: mi dueño ciego se encarga con esmero de mi alimentación de manera responsable y con cariño. Estoy bien alimentado, y tengo un horario predefinido para ir a comer.

Cuando te dirijas a una persona ciega que se acompaña por un simpático Perro Guía como yo, háblale directamente a la persona, y no a mí. Si un ciego con Perro Guía se encuentra en necesidad de ayuda, lo solicitará. Acércate por el lado derecho, de modo que yo quede a la izquierda. Pregunta si necesita asistencia: si acepta, me ordenará que te siga o te pedirá que le ofrezcas tu codo izquierdo. Él o ella lo cogerá y me hará una señal para indicarme que estoy temporalmente fuera de trabajo. Si un ciego con Perro Guía pregunta direcciones, dale indicaciones claras del sentido en que debe girar o seguir para ubicar el lugar al cual se dirige. No corras o tomes el brazo de una persona ciega en mi compañía sin antes hablarle. Nunca toques o cojas mi arnés, solo es útil para mi amo ciego, a quien acompaño.

Los Perros Guía tenemos lugares y horarios predeterminados para evacuar nuestros esfínteres. Yo, como Perro Guía, estoy habituado a viajar en todo medio de transporte echado a los pies de mi amo ciego sin causar molestias a los pasajeros, trátese de viajes dentro o fuera de la ciudad o fuera del país. Yo, en virtud de mi riguroso entrenamiento, estoy habituado y capacitado junto a mi amo para acceder y permanecer en todo tipo de establecimientos, tanto de salud como comerciales, restaurantes u otros locales: supermercados, cafeterías, cines, teatros, centros de estudio o trabajo, etc., sin causar alteración al normal funcionamiento de los mismos ni molestias al personal o al público. En el lugar de trabajo, un usuario de Perro Guía se encuentra capacitado para ejercer sus funciones conmigo a su lado. En ningún momento un Perro Guía deberá vagar a su capricho por el recinto, acorde al entrenamiento recibido. Los Perros Guía tenemos derecho a libre acceso, igual que nuestros amos, a todos los lugares públicos. Por favor, colabora en la difusión de este mensaje por todo el mundo.

Los ojos del ciego son su Perro Guía, o sea, YO

Bueno, ¡muchas gracias por tu atención! Y espero pongas en práctica lo que te acabo de contar, ya que si lo haces, ¡moveré mi rabito de felicidad!

Esta pequeña carta resume bien las normas básicas de comportamiento, agrupadas en temáticas: conceptos sobre el Perro Guía (desmintiendo algunos tópicos), cómo abordar a su dueño, y las cosas para las que está capacitado el perro. En general, basta recordar que cuando un Perro Guía es llevado por el arnés sabe que está trabajando, mientras que si lo llevan por la correa, aunque sigue siendo igual de obediente, asume que la persona que lo lleva puede ver o al menos está asistida. No los distraigais cuando trabajan, y si queréis acariciarlos o saludarlos cuando están parados, preguntad primero a su dueño.

Un Perro Guía está más y mejor educado que muchos humanos que conozco, llevan un estricto control sanitario y tienen documentación en vigor sobre todos estos aspectos, que el dueño siempre lleva consigo. Es por esto que pueden pasar a cualquier sitio público junto con sus dueños, aunque no admitan perros (ya que los Perros Guía tienen una normativa específica): taxis, restaurantes, e incluso quirófanos. No les deis de comer ya que los Perros Guía pertenecen a razas tradicionalmente glotonas, como los labradores, y un perro no sabe racionarse en cuanto a comida. Además, acostumbrarlos a picar fuera de sus horarios o en sitios inapropiados acaba produciendo que el perro no se comporte correctamente en un restaurante, por ejemplo. La ignorancia en estos aspectos deriva en actitudes discriminatorias, como el veto a estos perros a los restaurantes por parte de los dueños (de los locales), con el apoyo de otros clientes, que creen cosas tales como que en un descuido del dueño se comerán la comida de otros clientes. Insisto, están adiestrados para comportarse mejor que muchos de esos “clientes”, y además, el propietario del perro es ciego, pero no gilipollas.

Hay más cosas que saber sobre estos perros, como el periplo que siguen hasta convertirse en Perros Guía. Si queréis saber más, podéis visitar la página de la Fundación ONCE del perro guía, que prescindiendo de la publicidad subliminal (ejem) para comprar cupones es bastante ilustrativa. Cómo no, aquí es obligado mandar un cariñoso saludo a Sandra (Bizarri’s World), que ha acogido a cerca de una decena de cachorros que posteriormente han acabado como Perros Guía, incluyendo a Viento, el fiel compañero perruno de David.

Gracias a todos por leer el ladrillos de esta semana.

mighty_eldarion@hotmail.com (comentarios, sugerencias, preguntas, dudas e insultos en general).

domingo, 4 de noviembre de 2007

La carta de bienvenida de David.

Al regresar de unas convivencias de la ONCE, David me propuso una idea que me pareció acertada. Consistía en enviarme ocasionalmente entradas de su propia cosecha, para así poder hacer alguna aportación al blog de UDELV. Junto con el correo electrónico en el que me informaba de esta idea, me adjuntó la que sería su primera contribución.

Como digo, la idea me pareció fabulosa. Por un lado, David es el creador de nuestro programa y toda la estructura obedece a la concepción que tuvo en un principio, si bien los contenidos los preparamos entre los dos. Por tanto, creo que es de justicia darle voz en este blog para que aporte su visión (coño, David, ya sabes que estas frases no van en un sentido literal) de lo que es a día de hoy un proyecto común: suyo, mío, y por qué no, de todos los que nos escuchan. Y por otro lado, dependiendo de la época del año, es muy posible que andemos escasos de programas nuevos, por lo que no vendrá mal tener nuevo material.

David me dijo que no había prisa ni urgencia en colocar estas entradas suyas, así que en su momento le di prioridad a otros temas, además de intentar respetar escrupulosamente el calendario de nuevos programas. Cuando finalmente iba a incluir su carta de presentación, nos sorprendió la noticia de la muerte de Cebrián y por tanto su debut fue con ese tema.

Hoy por fin os puedo dejar colgada esta carta de presentación, este primer saludo, cargado de ilusión a la vuelta de unas jornadas que por lo que me contó no tuvieron desperdicio… aunque mejor no hago más comentarios, que no quiero ganarme la enemistad de ciertos colectivos.

Aquí os dejo su texto. La próxima semana, un nuevo programa de UDELV. Los comentarios y demás ya sabéis dónde dejarlos. Saludos.

Buenos días ¿puedo pasar? Me Llamo David Enrique y sí, soy yo…

Tras viajar más que la maleta de El fugitivo, regreso a la rutina y compruebo con devoción y admiración que aunque esta semana haya estado desconectado del mundo en un albergue rodeado por mis mejores amigos guanches y otros que residen en otros lugares, como los alegres granainos, los futboleros valencianos o esas gallegas bailarinas que no dejaban a nadie sin bailar, pasándolo de maravilla y sin parar de disfrutar, realizando actividades que no solemos hacer a diario, como puede ser escalar un rocódromo, montar en un toro mecánico o simplemente disfrutando de una copa (¿¡una copa!? está bien: de unas pocas) de ese tremendísimo licor que es el Carta Blanca o el Carta Oro, en compañía de los mejores canariones chicharreros y esa majorera tan especial y singular, (sin duda cuando me decían “el canario de Ciudad Real” era por algo y es que esa tierra se ha quedado con mi corazón), sin olvidar por supuesto a ese ejército de avispas asesinas que por más que les decíamos que fuesen a por los que tenían resto visual, que a nosotros nos tenían seguro y que se ensañaron en compañía de unos mosquitos más grandes que Viento en nuestros pobres cuerpos quemados por el sol… Compruebo, iba diciendo, que la vida sigue igual aunque en mi caso ahora esté en ese estado de nostalgia y recuerdos por esas compañías, esos lares y lugares, en los que sin duda he dejado algo de mí y esas personas que sin duda me han dado un cachito de su ser, pero arrivo a casa y “ECCO! NESCAFÉ CAPUCHINO!” Ya está subido el programa de nuestro amigo William, ya hay comentarios y la gente nos va impulsando cada vez más a ese firmamento cuajado de estrellas en el que he de reconocer que no se está tan mal, por eso aprovecho estas líneas para agradecer con todo el cariño que destila mi cuerpo a toda esa gente que nos escucha, a todos esos humanillos que sin venir a cuento te saludan y te dicen “jolín que risas con tal noticia”, o “me encantó aquel monográfico sobre tal o cual tema”; también, por qué no decirlo, tengo que agradeceros todos esos comentarios con admiración y con alegría que salen por vuestros labios cuando por ejemplo al calor de esa rubia que todos amamos a uno le preguntan cómo hace tal o cual sección, como busca las músicas o si no ha tenido alguna vez algún problemilla con los aparatos o cualquier cosa y ha tenido que salir por la tangente, si bien debo reconocer que las anécdotas que más hilaridad causan son las que protagoniza mi fiel y peludo brazo izquierdo Viento, al que también tanto tengo que agradecer.

Por eso, tanto mi hermano en las ondas y en la amistad Alfredo, como yo, no podemos dejar de daros las gracias y de haceros saber que sin vosotros esto no tiene sentido, un locutor sólo está ahí para transmitir y para hacer llegar a esas orejillas anhelantes de información, los datos y vivencias de esta gran piedra redonda.

Sin más muchas gracias y como suelo decir en las ondas: ¡que se de bien!

domingo, 21 de octubre de 2007

In Memoriam: Juan Antonio Cebrián (1965-2007)

Hola de nuevo:

Volvemos tras este fin de semana sin publicar en el que tuve que hacer de guía turístico. Bueno, espero que os hayáis recuperado del emocionante Gran Premio de Brasil (tan emocionante que uno ya sospecha de la Formula 1) donde había gran variedad de porras para hacer: cuál sería el podium del Gran Premio, quién ganaría el mundial, cuántos infartos simultáneos tendría el calvo de Telecinco si ganaba Alonso…

David y yo habíamos hablado de la posibilidad de que él enviase ocasionalmente algún texto que pudiera servir de entrada. Hoy iba a ser el día elegido para poner su “carta de bienvenida”. Sin embargo, el viernes por la tarde nos sorprendía la noticia del fallecimiento de Juan Antonio Cebrián, locutor de radio y presentador del programa La Rosa de los Vientos en Onda Cero. Así pues, la primera colaboración de David va a ir en su honor. Me ahorraré los elogios hacia el gran comunicador albaceteño para no ser redundante, que no llegó a cumplir por apenas un mes los 42 años. Es una putada que se vayan este tipo de profesionales: gente que seguía luchando por hacer programas cultos, sin tanto mamoneo de tertulias y tertulianos que lejos de informar sólo saben opinar e imponer su opinión mediante la cultura del grito. Y aunque a diferencia de David yo no era uno de sus fieles seguidores, me han hecho el honor de compararme con él al oír Un día en la vida.

Sin más os dejo con el homenaje de David a Cebrián. La próxima semana tendréis nuevo programa. Hasta entonces ya sabéis dónde encontrarme.

Hola amigos, hoy 21 de Octubre sin duda es un día triste para mí y, como para éste quien estas letras escribe, con el corazón apenado, supongo que para muchos de vosotros también lo será. Ayer, mejor dicho, ya antes de ayer, el fatídico viernes 19, por la tarde, un fulminante infarto sesgaba la vida a uno de los periodistas, escritores y en pocas palabras, a uno de los mejores, si no el mejor comunicador de este país, el pasado viernes se nos marchaba a la edad de 41 años Juan Antonio Cebrián.

Sin duda, con él se va al menos un trocito del corazón de este fiel seguidor de gran parte de la trayectoria de uno de los humanos más brillantes, más irremplazables que jamás tendremos, un hombre fuera de su tiempo, un sabio, un magister que nos instruía a todos desde las ondas radiofónicas, sin duda, él mismo lo decía, era "un hombre fuera de su tiempo", él debería haber nacido en el siglo XIX, pues sin duda era un gran desbubridor, una mente inquieta que perseguía los enigmas, ya fuesen históricos, esotéricos o de cualquier rama de la cultura y la ciencia.

Todavía recuerdo ese verano de 1995, cuando un pequeño David Enrique no podía dormir por las noches, cuando gracias a mi insomnio y mis problemas con Morfeo, descubrí al Cebri, justo estaban comentando que desde ese año, contando otros cien, la teoría para viajar en el tiempo estaría desarrollada y con un poco de suerte, en unos cincuenta años más, el dispositivo con el cual poder estar presente en esas épocas que nosotros sólo podemos intuir con los escritos que nos dejaron y con secciones como "Pasajes de la historia", estaría ya construida. Desde entonces, las noches para mí tenían otro color, las noches brillaban más que los días haciéndome amar la radio nocturna, deseando que llegase la madrugada para escuchar su inconfundible voz, su risa sincera, sin más para escucharlo a él, al COMUNICADOR. Ya fuese en Turno de Noche, en Azul y Verde, en La Red o en la actual Rosa de los Vientos, que tras zozobrar en el difícil mundo de las ondas hercianas, se había consolidado como uno de los referentes en las madrugadas del fin de semana con miles de oyentes que como yo habían crecido con él y lo habían seguido religiosamente allá donde fuese.

Pero esta noche, tras pasar un ratito en el messenger, y tras sacar a mi fiel compañero de batallas, Viento, me disponía a volar en sintonía con Onda Cero Radio, mas no la encontraba, sólo sintonizaba música y más música, así que tras esperar a los informativos, fui partícipe de la tríste y cruel noticia, como ocurre en estos casos, cuando ésa a quien tanto tememos y despreciamos, que viste de negro con una horca en la mano, pasa llevándose a alguien tan de repente, me quedé frío, exánime, masticando cada una de las palabras que Laura Gil iba vocalizando. ¡No podía ser! ¡Era jovencísimo! ¡Estaba lleno de vida! ¡Tenía aún tantas cosas que contar y que explicarnos! Mi paisano, manchego como yo, enamorado de las ondas y de comunicar, tal y como éste quien firma estas frases de tristeza. Es más, lo reconozco, es mi modelo a seguir cuando, como cada día, me pongo ante un micrófono y ya sea para presentar canciones, contar historias o hablar con algún oyente, me viene a la cabeza su voz, cómo lo haría él para sin imitar crecer como él lo hizo y ser capaz de hacer vibrar almenos a un oyente perdido, quien como yo, se encontrase con mi voz una de estas tardes.

Pasaron los años y al igual que cuando alguien encuentra en una tierra extraña a un seguidor de su religión, encontré entre los ciento y pico alumnos del internado en que estudiaba, a algunos seguidores del Cebri, a irreductibles que como yo pasaban la noche en vela pegados a un transistor, surgió la amistad, una amistad basada en historias, en recuerdos y poco a poco íbamos pasándonos casettes, con grabaciones caseras de los grandes momentos, Muñecolandia, con su Sombrita, con esa parodia del Fari, con Melqui el Contactado, el Sr. Frías, bruto como el más pintao de esos pueblos perdidos de la España nuestra. Así mismo temblábamos al escuchar las psicofonías o parafonías, como desde que el Dr. Germán de Argumosa le dió esa denominación junto a un jovencísimo Cebrián, así se denominaban en La Zona Cero. Esa Tribuna Libre, Tribuna Abierta, en la cual, como en el mejor de los foros romanos o las ágoras griegas, los oyentes nos hacíamos escuchar, ya fuese política, religión o cualquier caso paranormal ocurrido nos hiciese estar con el alma en vilo. Sus recomendaciones literarias, sus viajes por esa España de leyenda, esas noticias de la tierra en que vivimos que utilizábamos muchas veces en Ciencias y que extraíamos de Azul y Verde, y cómo olvidarse de la tertulia más animada y versátil de la radiodifusión internacional, las Cuatro C. Me viene en este momento a la cabeza esa alerta ovni, el 5J, en que por primera vez en las ondas españolas, se reunían especialistas en un estudio, con cienes de grupos, sí, pues así lo ablentaba a los cuatro vientos Sombrita, eran cienes y cienes de grupos buscando los “gonis” en el cielo, “la luuuu”, pero si bien aunque no era la primera alerta ufolójica de la radio, sí fue la primera que consiguió agrupar a gentes de todo el mundo, con conexiones en Latinoamérica, América del Norte, Rusia, etc, etc, etc. Quizás esa noche los objetos volantes no identificados, no se dejaron ver, pero el sentir y notar que miles de personas tenían sus corazones sintonizados en la onda del misterio, con una VOZ a la cabeza, la de él, la de Cebrián… ¡eso fue mágico!

Podría seguir con tantos y tantos momentos, pero me viene ahora a la cabeza ese pobre Alejandro, fruto de la unión de Cebrián con Silvia Casasola, un nombre que eligieron por el magnífico Alejandro Magno, pues como digo, me viene ahora a la mente ese pequeñajo que como tantos otros se ha quedado un poquito más sólo en esta piedra redonda, y Silvia una más en las ondas, su voz al igual que a Cebrián, seguro que enamoró a tantas personas, pero sin duda hoy, al igual que todos y cada uno de sus oyentes, hoy, la tristeza ahogará sus corazones.

Por último, para dejaros descansar de este correo que sólo sirve para aplacar a mi corazón, me pregunto ¿y qué será ahora de las madrugadas radiofónicas? ¿qué haremos ahora en las nochs tan largas? si no podemos acunarnos con su voz, con su tono de hablar, si no podemos soñar con las historias que él nos contaba, las noches, amigos, desde hoy serán algo más frías por mucho cambio climático que nos sobrevenga.

Sin más, Juan Antonio, descansa en paz y disfruta de largas tertulias con el magnífico Sr. Jiménez del Oso, mientras nos esperas allá donde estés, preparando la nueva temporada, que comenzará cuando todos y cada uno de tus amigos, colaboradores y oyentes estemos de nuevo a tu lado.

Y, como él decía: “Que se de bien!”