domingo, 22 de abril de 2007

De Príncipes, Porreros y Poetas

Como escritor novel, en la primera parde de Vade Retro! cedí en repetidas ocasiones a la vanidad, la intención de ser original, las ganas de notoriedad, y los guiños a personas conocidas o cercanas a mi entorno. Uno de estos guiños se puede encontrar en el capítulo 12 (“Dos cortas visitas”). En la página 85 una escena comienza con el siguente párrafo.


Chema entró en el pabellón de fútbol. Los partidos entre las nueve y las doce de la noche eran los más vistos de la primera ronda. La gente salía a esas horas y se pasaba a echar un vistazo. Debía de ser el penúltimo partido antes de iniciar los octavos de final. Chema anduvo por el pasillo del fondo de la grada, escrutando entre la multitud del público. Al fondo por fin encontró a Jesús y Adela. Bajó por una de las escaleras y se metió por la grada hasta sentarse junto a ellos. En esos momentos, un delantero se internó por la banda y lanzó a portería. El portero, con el número sesenta y nueve en la espalda se lanzó hacia su derecha, pero aún así no pudo parar el balón.


La escena se sitúa en el pabellón cubierto de Villanueva de los Infantes, y en esos momentos, los protagonistas están asistiendo como público a un partido del maratón veraniego de fútbol sala. Este maratón es un acontecimiento bastante popular, uno de esos eventos que cuenta con numerosos patrocinadores, la colaboración de las entidades públicas, y que ofrece cuantías en metálico nada desdeñables a los primeros clasificados. Como detractor del fútbol en casi todas sus variantes, preferiría que el dinero del ayuntamiento y los esfuerzos de los patrocinadores se orientasen a otro tipo de actividades. El maratón es un evento puntual y no contribuye a fomentar la práctica del deporte en la localidad (como lo pueden hacer las escuelas deportivas o los equipos locales, normalmente escolares, que participan en las ligas regulares de diferentes deportes, como el baloncesto). Los equipos que participan provienen de otros pueblos de la comarca e incluso de zonas más alejadas. Y al más puro estilo del fútbol profesional, los patrocinadores más importantes promocionan varios equipos que llevan todos su nombre (haciendo las distinciones junior, élite, etc para diferenciarse entre sí). La nota graciosa a esto era que los equipos del mismo patrocinador llegaban casi todos los años a las rondas finales, suscitando la típica frase de siempre ganan los mismos, que de hecho dicen los personajes en un diálogo de esa escena. Sin embargo, el año pasado hubo una nota no tan graciosa, y se trató de varios incidentes de carácter violento, tanto dentro como fuera de la cancha. Cuando ocurre algo de esto en el fútbol profesional, los informativos juegan a doble banda, y muestran por un lado el sórdido mundo de los hinchas más violentos; y por el otro las declaraciones de los hinchas más deportivos y guays, que sólo van al campo a pasarlo bien, y dicen que estos altercados son obra de unos pocos que no entienden la verdadera esencia del deporte bla bla bla bla… que sí, que son unos pocos y no son representativos de la afición, pero que esas cosas pasan domingo sí y otro también.

A lo que iba. En el párrafo, narrado con cierta torpeza, se describe de forma muy sucinta una jugada en la que un equipo mete un gol. El portero que ha encajado el tanto lleva el dorsal número 69. Más adelante se hace referencia a su equipo, los Porreros Muertos, que siempre son eliminados en la primera o segunda ronda. El portero en cuestión es mi hermano, que era en efecto integrante de los Porreros Muertos (el nombre es una paráfrasis del grupo musical Los Toreros Muertos, liderados por Pablo Carbonell). Evidentemente, no estoy comentando un partido que ocurriese realmente. De hecho ignoro si en el año en que transcurre la novela, 1998, los Porreros Muertos participaron en el maratón. Pero ya que iba a hacer mención al maratón de fútbol sala (puesto que menciono los acontecimientos más típicos y representativos de los veranos en Infantes, al menos los que se relacionan con la vida diaria de un adolescente), me pareció una broma sutil y simpática. Y como quería mantener cierta veracidad en la narración, no iba a hacer que los Porreros Muertos se llevasen el primer premio. Esto no es una peli americana.

Un último apunte al maratón: a pesar de no ser aficionado al fútbol, al igual que los protagonistas solía acudir con mis amigos a ver durante un rato algún partido de los que se jugaban por la noche, para matar el tiempo y tener así una alternativa a la monotonía de esas noches.

En Vade Retro! 2 hay también varios guiños y bromas. Voy a comentar hoy una de ellas, que pertenecen a la categoría que yo llamo “las bromas del Cuéntame”, citando a la popular serie de TV, bastante insoportable para mi gusto. Esta serie familiar juega con la doble identificación posible de los espectadores con los personajes. Además, se permite hacer bromas ante diferentes temas, sabiendo cómo se desarrollarán los acontecimientos en los años posteriores (desde cosas tan absurdas como la aparición de las peluquerías unisex a temas políticos y sociales, pasando por la especulación con los avances tecnológicos).

En el capítulo 14 (“Fe y religión”), la primera escena nos muestra a Fernando Luengo, un personaje secundario pero de gran importancia y constante presencia, colándose en la catedral de la Almudena de Madrid. Allí mantiene una sorprendente charla con una imagen de Cristo crucificado. En la página 116, Luengo divaga sobre lo acertado o no de la arquitectura de la catedral. Y cuestiona que sea apropiada para casar a emperadores y príncipes herederos, puesto que opina que todo eso perteneció a otra época con otro tipo de templos. Es una alusión tan obvia que pasa desapercibida. Estoy bromeando con la boda que en efecto tuvo lugar años más tarde en la catedral, que no es otra que la de los Príncipes de Asturias, el 22 de mayo de 2004 (si bien, dado el devenir de los acontecimientos que hay al final de la novela, esa boda no se llevaría finalmente a cabo). Es un guiño sutil y un poco irónico, no un gag de Los Morancos, pero ese es el humor que me caracteriza y que salpica las páginas de la saga Vade Retro!

Por cierto, un último apunte antes de terminar. En la primera parte de Vade Retro!, hablo en más de una ocasión a una ermita en la que se encuentran los restos del vecino más ilustre de Villanueva de los Infantes: Don Francisco de Quevedo. Poco después, un amigo me comentó que en realidad los restos no se hallaban allí. Y era cierto. Pese a que la lápida afirma que los restos descansan allí, la verdadera historia es que los huesos del genio de las letras tuvieron una trayectoria muy agitada. Se trasladaron varias veces de sitio en Villanueva de los Infantes, viajaron a Madrid en el siglo XIX y regresaron a la ermita que menciono a principios del siglo XX. Sin embargo, se volvieron a cambiar de ubicación. Recientemente, y tras meses de estudio, un equipo de científicos ha determinado que los restos de Quevedo se encontraban en una cripta de la Iglesia de San Andrés Apóstol, situada en la Plaza Mayor. Podéis consultar la noticia aquí

Pues nada. Espero colgar la semana que viene otro programa de UDELV, perteneciente a nuestro archivo. Se grabó en navidades de 2005 y habla sobre el escritor Vladimir Nabokov y su controvertida obra Lolita. Durante las vacaciones del primero de mayo espero grabar un nuevo programa, así que entre los archivos y el nuevo material, tendréis un suministro regular de UDELV durante una temporada. Gracias por la acogida del programa de Murakami y hasta la próxima.

mighty_eldarion@hotmail.com

3 impertinencias.:

El Primo de David dijo...

Ole, Ole, Ole...
Pues sí, ese es "my brother", haciéndo referencia a mi persona en su blog. Como lo hace en su novela, aunque el muy bandido me cuela un gol... Joder, socio, no pretendíamos que nos hicieses campeones, pero una paradita al menos... Que parar, si que paraba algo :)
Creo que no hay nada que objetar a la dura crítica que hace mi hermano al maratón. El dedo en la yaga. Por contra, cabría decir que al menos el maratón ha servido para dar popularidad a un pueblo que poco a poco la va teniendo por, ¿méritos propios?(veasé los restos de Quevedo, y también "El lugar de la Mancha" del ilustre Quijote...)
El caso es que, aparte de publicidad para Villanueva de los Infantes, aparte de suculentos premios en metálico para los de siempre, el maratón de fútbol sala servía para romper la rutina de un fin de semana de verano, para hacer de antesala a la verbena, para soñar que la sevillana vendría a ver como dejaba mi meta a cero, y como no, para poder tomarte un par de cajas de botellines, con los Porreros Muertos, en toda su plenitud (alcohólica, al menos) Perder, perderíamos siempre. Pero que bien encajábamos las derrotas... :)

Alfredo M. Pacheco dijo...

Gracias por tu comentario, brother. En tu honor, diré que algún año jugaste como fichaje estrella en otro equipo y cierto amigo que tú y yo sabemos, pariente de la sevillana, vino a felicitarme eufórico por los buenos partidos que hiciste. Decía que yo era "el hermano de Molina", a la sazón, portero del Atlético de Madrid (sí, era del Atleti, no nos vamos a andar lamentándonos por eso, je je).

Decirte que tienes razón en eso de que el maratón era para muchos la antesala de las fiestas que venían después, y que en un pueblo que no tenía muchos acontecimientos (ahora va despertando de ese letargo, aunque le queda aún mucho por hacer), suponía un fin de semana diferente. Yo mismo solía ir a ver algún que otro partido, y me he dado uno o dos madrugones para ir a veros. Pero fui perdiendo el interés, y ya sabes que lo del año pasado se salió de madre.

No estamos ya para mucho deporte, ni siquiera la barra fija, pero siempre podremos recordar esos momentos.

Un abrazo

Florencia dijo...

Salut...

A mí me aburre el fútbol. Mucho. =)

Respecto a Vade Retro!, espero poder seguir avanzando, que no he pasado de la página 47. Se me hace duro compaginar trabajo y estudios. En fin, espero poder avanzar algo este puente que viene.

Cuídate, un beso. ;)